Hace algunos años me di cuenta de que en mi cabeza rondaban historias que aparecían de la nada; historias de amor, desamor, horror y desavenencia, fantásticas y en ocasiones, grotescas. De cualquier manera interesantes e invitadas al papel de un cuaderno viejo empastado que me quedó de alguna clase del colegio.
Una de estas historias llegó a concursar en un certamen de literatura a nivel nacional, organizado por en aquel entonces llamado Instituto Guatemalteco de Cultura Hispánica. Mi cuento corto llamado "Juan espera la paz" y del cual no poseo una copia y apenas si recuerdo el título, escrito bajo el contexto de la Firma de la Paz, firme y duradera en una Guatemala completamente cicatrizada y resentida; obtuvo el segundo lugar de su categoría... apenas un segundo lugar. Dicen por allí que el segundo lugar es el primer perdedor. Otro cuento mío llamado "Marianne" me obtuvo un premio en un concurso de artes en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de San Carlos de Guatemala en la que fui a desperdiciar la mayor parte de mi vida útil hasta el momento. Recuerdo que no hubo aplausos para mí pues al final de cuentas nadie excepto los jueces habían leído mi cuento, sin embargo, me obtuvo una invitación a darle lectura ante el Círculo de Lectura de la Biblioteca de la Facultad de Ciencias Médicas.
Desde entonces he visto a muchos de mis amigos y a otros no tan amigos reir, llorar y asquearse en ocasiones por las oraciones que fluyen a través de mis lapiceros, los cuales poco a poco veo acabarse en un frenesí de emociones escritas pero la mayoría de veces no identificadas por mi persona... solo sé que las siento.
Me gustaría tocar piano y la armónica, pero todos los días me encuentro sin pisto para esas cosas. Me encanta el jazz y a mis 31 años nunca he ido a un concierto. Me encanta el teatro, pero no me gusta ir solo. Me gusta el arte pero me da pereza.
Yo no sé si escribo bien, aunque me gusta pensar que sí. Estoy muy lejos de publicar algo impreso y francamente no me animo a definir si publicar es tan solo otra fantasía o si es un deseo genuino que brota de mi corazón.
Lo único de lo que puedo estar seguro es de que escribir me administra dosis de felicidad intensa. Es una de las muy pocas actividades que me permiten sentirme realmente feliz y de que me encantan los rincones para artistas frustrados como éste.
Espero verles pronto.
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