Es imperativo que te comunique esto mujer,
para que continúes con tan excelente trabajo.
Y es que en la sencillez de tu ser,
la amabilidad de tu mirada,
bajo toda esa radiante aura,
tan imposiblemente feliz,
No existe aparente pizca de tristeza,
sana en casi todos los aspectos,
mejillas rosas,
labios húmedos por naturaleza.
Tu presencia en lo social,
demuestra que dentro de ti,
para bien o para mal,
se fragua la energía de la vida.
Sin embargo,
das la impresión de proteger a tus demonios,
construyendo castillos en el aire,
o bien, soñando con un mundo mejor.
¿Acaso te sientes sola?...
De cierto te digo, que está bien tener demonios.
Los títulos y las etiquetas te ayudan por ratos,
abrázalos, hazles el amor
y envíalos de vuelta a casa en taxi por la mañana.
Me he enamorado de tu cerebro,
de tu opinión,
de tu lectura que me apasiona,
de tu sudor y tu resaca,
del efecto de tu aroma,
innegablemente de tus fotografías.
Tu cuerpo ya vendrá luego.
Tenemos hijos, deudas y un gato,
y tú, sin embargo, no lo sabes aún.
Y Dios mediante, nunca jamás.
miércoles, 17 de abril de 2013
lunes, 15 de abril de 2013
La primera carta
Hola nena, ¿Cómo estás?
Esta es la primera carta que te he de escribir en lo que fuese alguna fracción de nuestra vida juntos.
¿Acaso crees tú en la “química” entre individuos?
Hay personas que me desconciertan y me hacen considerar la idea de lo hermoso que fuera la vida si solamente respondiéramos a hormonas… ¿quién sabe?, tal vez así sea después de todo. Pero lo que quiero contarte no es cómo me erizó tu aroma ni tu mirada, sino más bien deseo contarte hacia donde me vi caminando a través de las ventanas de tus pupilas profundas, casi infinitas: sólo esa mirada me bastó para saber e imaginar dos caminos a situaciones hasta el momento utópicas, pero al final de cuentas quizás no imposibles.
Te vi a mi lado como un apoyo sentimental; convirtiéndote en un pilar milenario para el alma, que en mí ya ha sido desquebrajada. Un espíritu tierno, dócil y dulce al cual da gusto acariciarle el cabello de seda fina que otorga paz y tranquilidad entre estos dedos podridos y resecos en pecado.
También te vi a mi lado como una hermosa compañía, imprudente por su vida, que me incita a tomar riesgos inconcebibles y me hace sentir joven todavía. Que me recuerde buscar en mi agenda la página donde dice que se disfruta más de lo que no programamos con anterioridad para ponderar hasta dónde nos gozamos, sino que es mas rico vivir el momento menos esperado; la esencia de lo sagaz y espontáneo. ¡Ahí me haces sentir vivo! Ojalá se de la oportunidad de que algún día leas esta carta, para que sepas que la escribo con el sentimiento de haberte visto hace horas y no conocerte en lo absoluto. Ojalá mis letras no me defrauden.
Te quiero conmigo.
FIN
Esta es la primera carta que te he de escribir en lo que fuese alguna fracción de nuestra vida juntos.
¿Acaso crees tú en la “química” entre individuos?
Hay personas que me desconciertan y me hacen considerar la idea de lo hermoso que fuera la vida si solamente respondiéramos a hormonas… ¿quién sabe?, tal vez así sea después de todo. Pero lo que quiero contarte no es cómo me erizó tu aroma ni tu mirada, sino más bien deseo contarte hacia donde me vi caminando a través de las ventanas de tus pupilas profundas, casi infinitas: sólo esa mirada me bastó para saber e imaginar dos caminos a situaciones hasta el momento utópicas, pero al final de cuentas quizás no imposibles.
Te vi a mi lado como un apoyo sentimental; convirtiéndote en un pilar milenario para el alma, que en mí ya ha sido desquebrajada. Un espíritu tierno, dócil y dulce al cual da gusto acariciarle el cabello de seda fina que otorga paz y tranquilidad entre estos dedos podridos y resecos en pecado.
También te vi a mi lado como una hermosa compañía, imprudente por su vida, que me incita a tomar riesgos inconcebibles y me hace sentir joven todavía. Que me recuerde buscar en mi agenda la página donde dice que se disfruta más de lo que no programamos con anterioridad para ponderar hasta dónde nos gozamos, sino que es mas rico vivir el momento menos esperado; la esencia de lo sagaz y espontáneo. ¡Ahí me haces sentir vivo! Ojalá se de la oportunidad de que algún día leas esta carta, para que sepas que la escribo con el sentimiento de haberte visto hace horas y no conocerte en lo absoluto. Ojalá mis letras no me defrauden.
Te quiero conmigo.
FIN
jueves, 4 de abril de 2013
El Camino
Al final de un día ajetreado, cargado de bullicio enfermo, harto de la publicidad en las calles, me acosté en mi cama deshecha para una nueva sesión de sonidos binaurales.
Conciente de mi cuerpo, mi mente me trasladó de vuelta a la laguna de Ipala. Me recibió mi niño con ansias y una felicidad pacífica, aún con su suetercito verde de rayas, me tomó de la mano y así, sin mediar palabra alguna, apuntó con su dedito el camino que lleva hacia la cumbre.
Luego, fui conciente otra vez.
martes, 2 de abril de 2013
Daphne
Daphne se encontró a sí misma
sentada a la orilla de la cama. Su
habitación se veía blanca pero no de limpieza o pureza, sino blanca por
ausencia de color. Mantenía un tinitus
que prolongaba su letargia y dentro de ese espacio, dentro de este abismo
mental, existía un torrente que se
llenaba de pensamientos obsesivos que venían tan rápido y en tal cantidad que
provocaba en Daphne la sensación de tener la mente en blanco.
Lentamente comenzó a organizar
sus ideas, entonces fue posible el inicio de su reflexión profunda acerca de
cómo había echado todo a perder, si lo único que quiso Daphne toda su vida fue
una boda de calendario y convertirse en la protagonista de la Historia de Amor
de entre sus compañeras de la escuela, de su familia y de su promoción. Soñó por mucho tiempo, en alguna etapa de su
vida, con una casa de puerta roja con cerca blanca, un árbol en el patio de
enfrente con un columpio de llanta. Su
primogénito, la nena y su marido sentados alrededor del desayunador blanco de
su cocina de ángulos exactos, todos ellos tan bien peinados, tan bien
lustrados, tan pulcros ellos. Su esposo despidiéndose de ella con un beso
intenso, tal como lo fue el primero, justo después del desayuno en
familia. Comieron panquecas con jalea de
fresa, jugo de naranja recién exprimido y fruta de la temporada aquel día que
no había sucedido más que en su mente.
Daphne con una hermosa falda de tres cuartos color rojo carmesí que
contrastaba deliciosamente entre su cerca blanca como la nieve y el verde
fresco del césped del frente. A medida
que Daphne y el perro Fido que era otro miembro, se despedían desde el pórtico
de su familia que se marchaba a sus actividades del día, se percataba de que la
escena era tan perfecta que parecía estar todo hecho de plástico y de
cera. La película era muy digna de los
años 50.
¿En qué momento falló?, ¿Cómo
demonios llegó a ocupar un espacio tan lúgubre y frío?... ya Daphne no podía
recordar si en algún momento genuinamente fue feliz.
Con la mirada fija en las
cortinas, tan pálidas e inmóviles, sumergida en la ausencia de cualquier otro
sonido aparte del tinitus, carente de sensación de gusto y de olfato, solo
podía pensar allí sentada, así calladita, sin llorar ni nada... y es que en su
mente ya solo había espacio para las interrogantes: ¿Cómo?... ¿Por qué no
plancha mejor la ropa?... ¿Por qué no puede ser más complaciente?... ¿Por qué
le gusta tanto bailar?...
- Bailar es acto del demonio – racionalizó en su mente por unos segundos.
Conmiserándose, inició el proceso
de flagelación por su falta de tolerancia.
Pero es que en el fondo sabía que había algo anti natural con que su
marido la quisiera filmar mientras la penetraba con una zanahoria. Se sentía mal por no poder encontrar el gusto
a ser ahorcada por su propio esposo mientras hacían el amor.
-¡Cómo he sido de desconsiderada
con Renato!- pensó.
Con cierto temor levantó su mano
izquierda para palpar su rostro, hinchado y deforme, caliente al tacto y de
piel dura, húmedo de a ratos y áspero de a otros cortesía de la sangre.
Lentamente se fue adentrando el
dolor en su cara, en sus encías y la dificultad para respirar. Curiosamente aparecía de nuevo el deseo
profundo de otro azote del Renato. Le
encantaba a Daphne cuando Renato le hacía perder conciencia con un solo
azote. De esa forma, dejaba de sentir
dolor, aunque sea por un momentito. Estaba casi segura de que se lo
merecía por culpa de una condición de ineptitud crónica, culpa de un certero
retraso mental, uno del que nadie se había enterado hasta que Renato se lo
diagnosticó, y posteriormente, convenció.
Entonces Daphne lo tuvo bien
claro.
- - Pero qué tonta he sido - se reclamó.
Con gran determinación se fue
poniendo de pie e incorporándose con sumo dolor, motivada, empoderada. Se dio una ducha para quitar las costras y la
sangre. Se arregló lo más linda que pudo
dentro de la circunstancia, tratando de replicar el día en que se
conocieron. Puso a Sade en el cd player y se
decidió a cocinar con amor… para él. Ya
todo estuvo listo en un momento: el maquillaje, las velas, el pollo a la
parmesana, el vino, el negligé y sobre todo, la esperanza.
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El reloj marcaba las 4 y tantas
de la mañana cuando entró Renato. Él ya
no sabía si se trataba de un delirio más de su bastante enraizada borrachera
aquella escena sacada del museo de cera… una muestra de amor fija e inmóvil en
el tiempo y el espacio. Un nuevo montaje
en el Museo de Cera. Su neurosis, sin
embargo, no le permitió ver más allá del obstáculo hasta su cama, solo
desconcierto.
Entonces Renato, al que no le
gusta las sorpresas, localizó a su mujer, sentada en la mesa, con la mirada ya
perdida en su persona, el rímel mezclado con el hematoma en sus pómulos y las
cicatrices, corrido sobre éstas de hacía ya varias horas de llanto.
-¡Pero ¿qué carajos crees que
estás haciendo mujer?!-
-¡¿Acaso no te he dicho que no
estés gastando en tus estupideces?!-
-¡De plano esperando algún otro hombre verdad maldita zorra!-
-¡¡Soltá ese cuchillo y te vas a
la cama ya!!-
- ¡¡¡ QUE SOLTÉS EL MALDITO
CUCHILLO TE DIGO!!! –
Fin.
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