miércoles, 17 de abril de 2013

Mujer de opinión

Es imperativo que te comunique esto mujer,
para que continúes con tan excelente trabajo.

Y es que en la sencillez de tu ser,
la amabilidad de tu mirada,
bajo toda esa radiante aura,
tan imposiblemente feliz,

No existe aparente pizca de tristeza,
sana en casi todos los aspectos,
mejillas rosas,
labios húmedos por naturaleza.

Tu presencia en lo social,
demuestra que dentro de ti,
para bien o para mal,
se fragua la energía de la vida.


Sin embargo,
das la impresión de proteger a tus demonios,
construyendo castillos en el aire,
o bien, soñando con un mundo mejor.

¿Acaso te sientes sola?...
De cierto te digo, que está bien tener demonios.
Los títulos y las etiquetas te ayudan por ratos,
abrázalos, hazles el amor
y envíalos de vuelta a casa en taxi por la mañana.

Me he enamorado de tu cerebro,
de tu opinión,
de tu lectura que me apasiona,
de tu sudor y tu resaca,
del efecto de tu aroma,
innegablemente de tus fotografías.
Tu cuerpo ya vendrá luego.

Tenemos hijos, deudas y un gato,
y tú, sin embargo, no lo sabes aún.
Y Dios mediante, nunca jamás.


lunes, 15 de abril de 2013

La primera carta

Hola nena, ¿Cómo estás?

Esta es la primera carta que te he de escribir en lo que fuese alguna fracción de nuestra vida juntos.

¿Acaso crees tú en la “química” entre individuos? 

Hay personas que me desconciertan y me hacen considerar la idea de lo hermoso que fuera la vida si solamente respondiéramos a hormonas… ¿quién sabe?, tal vez así sea después de todo. Pero lo que quiero contarte no es cómo me erizó tu aroma ni tu mirada, sino más bien deseo contarte hacia donde me vi caminando a través de las ventanas de tus pupilas profundas, casi infinitas: sólo esa mirada me bastó para saber e imaginar dos caminos a situaciones hasta el momento utópicas, pero al final de cuentas quizás no imposibles. 
Te vi a mi lado como un apoyo sentimental; convirtiéndote en un pilar milenario para el alma, que en mí ya ha sido desquebrajada. Un espíritu tierno, dócil y dulce al cual da gusto acariciarle el cabello de seda fina que otorga paz y tranquilidad entre estos dedos podridos y resecos en pecado.
También te vi a mi lado como una hermosa compañía, imprudente por su vida, que me incita a tomar riesgos inconcebibles y me hace sentir joven todavía. Que me recuerde buscar en mi agenda la página donde dice que se disfruta más de lo que no programamos con anterioridad para ponderar hasta dónde nos gozamos, sino que es mas rico vivir el momento menos esperado; la esencia de lo sagaz y espontáneo. ¡Ahí me haces sentir vivo! Ojalá se de la oportunidad de que algún día leas esta carta, para que sepas que la escribo con el sentimiento de haberte visto hace horas y no conocerte en lo absoluto. Ojalá mis letras no me defrauden. 

Te quiero conmigo. 

FIN

jueves, 4 de abril de 2013

El Camino

Al final de un día ajetreado, cargado de bullicio enfermo, harto de la publicidad en las calles, me acosté en mi cama deshecha para una nueva sesión de sonidos binaurales.  

Conciente de mi cuerpo, mi mente me trasladó de vuelta a la laguna de Ipala.  Me recibió mi niño con ansias y una felicidad pacífica, aún con su suetercito verde de rayas, me tomó de la mano y así, sin mediar palabra alguna, apuntó con su dedito el camino que lleva hacia la cumbre.

Luego, fui conciente otra vez.

FIN

martes, 2 de abril de 2013

Daphne

Daphne se encontró a sí misma sentada a la orilla de la cama.  Su habitación se veía blanca pero no de limpieza o pureza, sino blanca por ausencia de color.  Mantenía un tinitus que prolongaba su letargia y dentro de ese espacio, dentro de este abismo mental, existía un torrente  que se llenaba de pensamientos obsesivos que venían tan rápido y en tal cantidad que provocaba en Daphne la sensación de tener la mente en blanco. 

Lentamente comenzó a organizar sus ideas, entonces fue posible el inicio de su reflexión profunda acerca de cómo había echado todo a perder, si lo único que quiso Daphne toda su vida fue una boda de calendario y convertirse en la protagonista de la Historia de Amor de entre sus compañeras de la escuela, de su familia y de su promoción.  Soñó por mucho tiempo, en alguna etapa de su vida, con una casa de puerta roja con cerca blanca, un árbol en el patio de enfrente con un columpio de llanta.  Su primogénito, la nena y su marido sentados alrededor del desayunador blanco de su cocina de ángulos exactos, todos ellos tan bien peinados, tan bien lustrados, tan pulcros ellos. Su esposo despidiéndose de ella con un beso intenso, tal como lo fue el primero, justo después del desayuno en familia.  Comieron panquecas con jalea de fresa, jugo de naranja recién exprimido y fruta de la temporada aquel día que no había sucedido más que en su mente.  Daphne con una hermosa falda de tres cuartos color rojo carmesí que contrastaba deliciosamente entre su cerca blanca como la nieve y el verde fresco del césped del frente.  A medida que Daphne y el perro Fido que era otro miembro, se despedían desde el pórtico de su familia que se marchaba a sus actividades del día, se percataba de que la escena era tan perfecta que parecía estar todo hecho de plástico y de cera.  La película era muy digna de los años 50.

¿En qué momento falló?, ¿Cómo demonios llegó a ocupar un espacio tan lúgubre y frío?... ya Daphne no podía recordar si en algún momento genuinamente fue feliz.

Con la mirada fija en las cortinas, tan pálidas e inmóviles, sumergida en la ausencia de cualquier otro sonido aparte del tinitus, carente de sensación de gusto y de olfato, solo podía pensar allí sentada, así calladita, sin llorar ni nada... y es que en su mente ya solo había espacio para las interrogantes: ¿Cómo?... ¿Por qué no plancha mejor la ropa?... ¿Por qué no puede ser más complaciente?... ¿Por qué le gusta tanto bailar?...
-  Bailar es acto del demonio – racionalizó en su mente por unos segundos.



Conmiserándose, inició el proceso de flagelación por su falta de tolerancia.  Pero es que en el fondo sabía que había algo anti natural con que su marido la quisiera filmar mientras la penetraba con una zanahoria.  Se sentía mal por no poder encontrar el gusto a ser ahorcada por su propio esposo mientras hacían el amor.

-¡Cómo he sido de desconsiderada con Renato!- pensó.

Con cierto temor levantó su mano izquierda para palpar su rostro, hinchado y deforme, caliente al tacto y de piel dura, húmedo de a ratos y áspero de a otros cortesía de la sangre.

Lentamente se fue adentrando el dolor en su cara, en sus encías y la dificultad para respirar.  Curiosamente aparecía de nuevo el deseo profundo de otro azote del Renato.  Le encantaba a Daphne cuando Renato le hacía perder conciencia con un solo azote.  De esa forma, dejaba de sentir dolor, aunque sea por un momentito. Estaba casi segura de que se lo merecía por culpa de una condición de ineptitud crónica, culpa de un certero retraso mental, uno del que nadie se había enterado hasta que Renato se lo diagnosticó, y posteriormente, convenció.

Entonces Daphne lo tuvo bien claro.

-         - Pero qué tonta he sido - se reclamó.

Con gran determinación se fue poniendo de pie e incorporándose con sumo dolor, motivada, empoderada.  Se dio una ducha para quitar las costras y la sangre.  Se arregló lo más linda que pudo dentro de la circunstancia, tratando de replicar el día en que se conocieron.  Puso a Sade en el cd player y se decidió a cocinar con amor… para él.  Ya todo estuvo listo en un momento: el maquillaje, las velas, el pollo a la parmesana, el vino, el negligé y sobre todo, la esperanza.

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El reloj marcaba las 4 y tantas de la mañana cuando entró Renato.  Él ya no sabía si se trataba de un delirio más de su bastante enraizada borrachera aquella escena sacada del museo de cera… una muestra de amor fija e inmóvil en el tiempo y el espacio.  Un nuevo montaje en el Museo de Cera.  Su neurosis, sin embargo, no le permitió ver más allá del obstáculo hasta su cama, solo desconcierto.
 
Entonces Renato, al que no le gusta las sorpresas, localizó a su mujer, sentada en la mesa, con la mirada ya perdida en su persona, el rímel mezclado con el hematoma en sus pómulos y las cicatrices, corrido sobre éstas de hacía ya varias horas de llanto.

-¡Pero ¿qué carajos crees que estás haciendo mujer?!-

-¡¿Acaso no te he dicho que no estés gastando en tus estupideces?!-

-¡De plano esperando algún otro hombre verdad maldita zorra!-

-¡¡Soltá ese cuchillo y te vas a la cama ya!!-

- ¡¡¡ QUE SOLTÉS EL MALDITO CUCHILLO TE DIGO!!! –

Fin.






lunes, 18 de marzo de 2013

¡Bienvenidos!

Hace algunos años me di cuenta de que en mi cabeza rondaban historias que aparecían de la nada; historias de amor, desamor, horror y desavenencia, fantásticas y en ocasiones, grotescas.  De cualquier manera interesantes e invitadas al papel de un cuaderno viejo empastado que me quedó de alguna clase del colegio. 

Una de estas historias llegó a concursar en un certamen de literatura a nivel nacional, organizado por en aquel entonces llamado Instituto Guatemalteco de Cultura Hispánica.  Mi cuento corto llamado "Juan espera la paz" y del cual no poseo una copia y apenas si recuerdo el título, escrito bajo el contexto de la Firma de la Paz, firme y duradera en una Guatemala completamente cicatrizada y resentida; obtuvo el segundo lugar de su categoría... apenas un segundo lugar.  Dicen por allí que el segundo lugar es el primer perdedor.  Otro cuento mío llamado "Marianne" me obtuvo un premio en un concurso de artes en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de San Carlos de Guatemala en la que fui a desperdiciar la mayor parte de mi vida útil hasta el momento.  Recuerdo que no hubo aplausos para mí pues al final de cuentas nadie excepto los jueces habían leído mi cuento, sin embargo, me obtuvo una invitación a darle lectura ante el Círculo de Lectura de la Biblioteca de la Facultad de Ciencias Médicas.  

Desde entonces he visto a muchos de mis amigos y a otros no tan amigos reir, llorar y asquearse en ocasiones por las oraciones que fluyen a través de mis lapiceros, los cuales poco a poco veo acabarse en un frenesí de emociones escritas pero la mayoría de veces no identificadas por mi persona... solo sé que las siento. 

Me gustaría tocar piano y la armónica, pero todos los días me encuentro sin pisto para esas cosas.  Me encanta el jazz y a mis 31 años nunca he ido a un concierto.  Me encanta el teatro, pero no me gusta ir solo. Me gusta el arte pero me da pereza.

Yo no sé si escribo bien, aunque me gusta pensar que sí.  Estoy muy lejos de publicar algo impreso y francamente no me animo a definir si publicar es tan solo otra fantasía o si es un deseo genuino que brota de mi corazón.

Lo único de lo que puedo estar seguro es de que escribir me administra dosis de felicidad intensa.  Es una de las muy pocas actividades que me permiten sentirme realmente feliz y de que me encantan los rincones para artistas frustrados como éste.

Espero verles pronto.